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miércoles, 2 de enero de 2008

EL CAMBIO ( Elmara)




Había decidido cambiar, empezar el año con otras costumbres, con nuevos hábitos que le concedieran más serenidad de espíritu y paz interior. No todo está en conseguir bienes materiales, eso hacía tiempo que lo había descubierto, pero le costaba prescindir de ellos. De los grandes o pequeños lujos adquiridos con una vida honesta y de los que le gustaba rodearse: “calidad de vida” se justificaba, cada vez que se daba un nuevo capricho. Tampoco tenía un yate, ni un gran chalet en la milla de oro madrileña, ni una amante escondida a quien poner piso. Lo que poseía estaba al alcance de la mayoría de clase media alta y acomodada del país. A su familia no le faltaba de nada, los hijos habían terminado sus carreras universitarias y su futuro estaba encauzado. Su mujer tenía los caprichos resueltos, se llevaban bien. Él era amante de los buenos coches, le gustaba desde siempre vestir buenas prendas y llevar colonias de las caras. Era algo innato en su personalidad, siempre, desde jovencito le había gustado esa vida. Pero tampoco aspiraba a mucho mas, tenia un techo, y le satisfacía el saber que había llegado a él, que ya no necesitaba más: ¿y ahora qué? Se preguntaba en muchas ocasiones. ¿Por qué o de qué este vacío?- Tengo todo o casi todo lo que me he propuesto en la vida.
Ponía música en su radiante BMW 300 y pensaba en voz alta, mientras circulaba al límite de velocidad permitida, ¿qué puedo hacer? A veces, en vez de aceptarse tal como era, se censuraba por no ser más humilde y le embargaba una absurda culpabilidad, como si todo aquello no lo mereciera, como si su vida fuera impostada, usurpada a otros.
Este vacío...duele. Se decía, y prometía buscar solución.

Un nuevo año siempre es excusa para poner el contador a cero y empezar nuevos proyectos que, aunque después no se cumplan, dan la falsa ilusión de que puedes controlar tu vida y poner parches por donde se escapa el aire, ese aire que te falta para poder llenar el vacío, ese que dices que duele.
Empezó a hacer balance y decidió iniciar su cambio con sacrificios en lo que se consideran lujos. Realmente para qué quería un coche tan grande. A parte de lo que costaba su mantenimiento, su mujer y él, con otro más pequeño tenían de sobra. La ropa, el hecho de que no lleve la marca hace que sea mas barata y buscando bien no tiene por qué bajar la calidad. Etc...etc
.
¿Qué quieres para Reyes? Aún no has escrito la carta, le dijo su mujer.
Todavía no lo he decidido, pero estoy en ello, contestaba misterioso. Lo que si quiero, es que no me compres nada sin yo pedírtelo.

El primer día de Enero empezó lluvioso, y le gustaba pasear con ese ambiente melancólico que produce la lluvia. Es un día que todo está cerrado, parece que el mundo se ha perdido en un paréntesis absurdo, que hagas lo que hagas no cuenta, nadie está para juzgarlo, todos duermen o andan dormidos por la calle. A media mañana vio como unos Senegaleses ponían su pequeño tenderete en la acera aprovechando una pausa de la lluvia. Se acercó impulsado por esa manía consumista que últimamente arrastraba y vio entre las falsas marcas algo que le iluminó, una bufanda de rayas negras y grises larga, de las que te la enrollas varias veces en el cuello y el resto aún te llega a la cintura, sin marca. El precio: 1 euro.
¡Ese era el regalo! Eso es lo quería para Reyes, eso y nada más, y eso es lo que pidió a su sorprendida esposa, y lo pidió con tanto ahínco e ilusión como si del último modelo de coche se tratara: ¡Eso y nada más! Por favor. No es una bufanda, es el inicio, ya duele menos el vacío... Eso pidió y eso le trajeron el día 6 y con la esperanza enredada al cuello, salió sonriente a la calle para ir a visitar a sus padres, como tradicionalmente hacía todos los años la mañana de Reyes. Nada de coche, voy en metro. Se acercó a la taquilla, no sin antes preguntar cuánto costaba un trayecto: 1 euro. Hacía años, demasiados, que no cogía el metro, y metido entre la gente, bajando aquellas escaleras infinitas se sintió bien, aunque extraño. Pero era normal, estaba naciendo, renaciendo más bien y los partos duelen. Se retocaba satisfecho la bufanda que a pesar del calor del subterráneo no se aflojó ni un instante. El andén estaba atestado de gente, de niños con juguetes nuevos, de adultos que estrenaban ropa. El estrenaba sueños .Cuando llegó el tren, dejó que entraran primero los demás ¡Antes de entrar dejen salir! Recordó ese lema de sus pasados viajes de la infancia y se metió educadamente el último, casi se encajó en veinte centímetros de hueco, entre la puerta y la espalda de un señor mayor que le miró molesto (quizás se preguntaba, que haces tu aquí, tu no eres de los nuestros) pero sí lo era , lo quería ser; por eso ese viaje, por eso esa bufanda que colgaba excesivamente de su espalda y que no controló cuando se cerraron las puertas quedando atrapada en el exterior, mientras el tren se iba moviendo cada vez más rápido, estrangulándole entre el pánico del apretado pasaje que asistía impotente y sorprendido a la asfixia y muerte de aquel hombre de mediana edad, exitoso, con todo resuelto y que un día decidió cambiar de vida.

Fin.

Elmara
2/01/07

jueves, 27 de diciembre de 2007

POR UNA SONRISA ( V.BOLIVAR)




POR UNA SONRISA
(Relato del próximo libro de V.Bolivar "Casi siempre brilla el sol" )

Aquella mujer me mira y me sonríe: debe de estar confundida.
Me está observando en la barra de esta cafetería como sólo lo han hecho dos personas en mi vida: mi primera novia y la maestra que me explicaba el catecismo en la escuela. Las dos, hace muchos años, en un siglo que, apenas doblado, remoto me resulta.
La de esta tarde, ésta que se mece los cabellos, quiere decirme algo. Lo sé y no voy a esperar a que se marche. ¿Qué tal si le indico al camarero que me cargue su consumición? Por unas monedas, tal vez reciba otra vez su cándida mirada y su sonrisa. Y quizá se aproxime para darme las gracias... O me frene en seco, rechazando mi galantería... No lo sé, debería intentarlo; pero este camarero agobiado pasa de mí, me ningunea, como el resto de la gente. Ella, sin embargo persiste en regalarme su sonrisa. Es guapa. Y qué buena está. Me dan ganas de sentarme a su mesa; contarle qué diablo fui y a quién me recuerda... pero temo que se asuste. ¡Qué imagen más triste recibo en este espejo! El camarero, por fin, se cobra mi suizo y mi café. ¿Algo más? Sí, el pacharán... Y lo de aquellas señoritas, por favor.
Al pagar en la barra, he logrado hacerme con un periódico. Volteo sus páginas por las esquinas pringosas, traslúcidas de un aceite de churros o tostadas, salpicadas de azúcar, y estoy moviendo el cuello como si buscase una sección interesante en el diario… Disimulo. Ella otra vez me está mirando. Y yo estoy pensando en ella. Esa mujer me suena: podría ser sobrina de mi primera novia aquella, o, tal vez, hija de la maestra que nos preparaba para recibir la primera comunión, me apostaría algo. (¿Qué más te queda por apostar, Ricardo, que los recuerdos?) Ahora se ha sentado otra chica que se le parece, pero no me mira de igual forma. Las dos están ahí, en la mesa, junto ese perchero inestable de madera, en esta acristalada cafetería empañada de vahos incandescentes, con aroma a torrefacto y a croissant, un poco a fritanga, a tostada embadurnada de manteca, sobrasada, paté y mantequilla. Huele a tarde tediosa de domingo. (Las tardes de mis domingos antes se saldaban entre aromas de tabaco, ron y café. Hoy todas serán clausuradas con olor a cieno. El río ya trae agua.)
El nervudo camarero no me da la vuelta; tal vez, sea un poco telepático y suponga que, adonde voy, ya no me harán falta más monedas. Quizá le haya dado el importe escaso o exacto, no sé. No me acuerdo. No me acabo de acostumbrar al euro. A mí me iba mejor con la otra moneda: yo sabía cómo tintineaban las pesetas sobre esta maleta, distinguía su brillo cuando se arracimaban sobre el rojo fieltro que tapiza la funda de mi guitarra; lo que necesitaba para un café y un bollo suizo a la plancha, no hace tanto... ¿Un año? ¡Dios mío, se me ha hecho eterno! “Compra más acciones, Ricardo, que ahora es el momento”. Mira, que ya he invertido bastante. Y ellos me contestaban: “Pero arriésgate, Ricardo, recupérate, ¡compra más! Ya no puede bajar más su cotización, ya ha tocado fondo; su precio sólo puede remontar...” Y el que ha tocado en lo más hondo he sido yo. La cagaste y bien cagada, Ricardito. ¡Endemoniada bolsa, traicionera!
¿Marisa?: Hace tiempo, me dejó. Las cosas no iban bien entre nosotros. La ruina colmó su tolerancia con mis noches de bohemia. Donde falta la harina, todo es mohína. No fue buena idea –ahora me pesa- comprometer nuestros bienes: la casa, el piso de la playa, todo nuestro patrimonio para avalar un préstamo maldito, causante de mi desesperación, de mi divorcio. Cuando el dinero sale por la puerta, el amor se va por la ventana ¿…O era al revés?
Deambulo por esta ciudad que me resulta inmensa; perdido entre sus calles, paso hambre y frío por el embovedado donde la gente, hoy al menos, ha compensado mi esfuerzo. Es como si supieran que es mi última merienda.
Esas dos mujeres se muestran felices, y quizá lo sean. Gesticulan como niñas a la hora del recreo. Una le muestra a la otra un regalo recién desembalado de un envoltorio navideño; parece una alhaja, una pulsera. Será porque ayer fue Nochebuena, eso sí lo recuerdo. ¡Ea!, no quiero seguir espiando para no incomodarlas; pero pienso en ellas aunque no la enfoquen mis ojos desahuciados. Como si se tratara de un video, rebobino esa dulcísima sonrisa en mi cabeza…
¡Ya caigo de qué conozco a esta mujer!: Es una camarera del comedor de transeúntes, una mujer voluntaria de la Beneficencia; la que ayer me sirvió dos tazones de sopa sevillana de pescado, con almejas, mejillones, rape, merluza y gambas. Y mayonesa. ¡Qué rica! Y crujientes cuscurrones. ¡La que me ofreció berenjenas rebozadas cuando le dije “gracias, pero prefiero pavo”! Ella tuvo que ser, estoy seguro, la que guardó un puñado de alfajores almendrados en el hondo bolsillo de mi gabán mugriento; la que me cedió este jersey naranja que hoy llevo puesto. (Por eso, me habrá reconocido.) Ella resulta todavía más guapa sin la bata azul y el mandil impoluto de las empleadas que dan comida y calor: La Casa del Transeúnte. Ahora me está mirando, ya lo creo, como lo hacía mi primera novia: esa que me alimentaba con besos indecisos en los arriates de la plaza de mi pueblo; o como mi maestra, la que me curó con mercromina, me limpió los mocos y enjugó mi llanto sobre su pecho hermoso y magistral; la que me alimentaba en los recreos con su océano de leche hervida y atolones de nata y esponjosas magdalenas, como islas montañosas recién horneadas...
…Se disponen las mujeres a salir del bar. La que me ha cautivado envuelve su cuerpo de voluntaria dama con un abrigo azul turquesa y esmeralda. (Puede que esta tarde nieve, lo he oído en la radio.) ¡No te vayas, bella dama…! Yo quisiera detenerla, hablarle a través de mi guitarra, o entonarle mi canción sin pedirle a nada cambio, decirle que la quiero, antes de que sea mañana... ¡De nuevo me ha mirado, me ha vuelto a sonreír! Estira las risueñas comisuras de su concesiva boca: así me abre las puertas de la esperanza. Y parece no importarle mi apariencia: el abrigo raído, mi pantalón gastado, mis zapatos viejos y embarrados; y mi barba.
Es Navidad ¿…Es Navidad? ¡Ella me ha dicho Feliz Navidad…!
Sólo porque ella me ha sonreído, yo no debería claudicar. La noticia de “otro mendigo hallado muerto en el río” no traslucirá mañana en este diario, junto a otra dactilar huella aceitosa de churros o tostadas (tengo hambre atrasada, madre mía) en un margen de sucesos funerarios.
Por esa sonrisa ablandadora de mi pena, porque dicen que el sol casi siempre brilla en algún lado, por unos ojos que me animan a empezar de nuevo, hoy vuelvo a templar mi guitarra, al abrigo del viento, junto a esta farola. Por donde ella sonriente pasa.

Víctor Bolívar Galiano. Casi siempre brilla el sol ©

domingo, 29 de julio de 2007

ENTRE AMIGOS ( Udotopic versus Conservatic)




ENTRE AMIGOS (Udotopic versus Conservatic)


Udotopic: ¡La amistad de verdad se prueba en las guerras!
Conservatic: Perdona Udotopic, pero en las guerras no hay amigos.

-¿Cómo que no? ¿Quien no ha oído hablar alguna vez de historias cargadas de humanidad entre amigos situados en distintos bandos?
- Yo mismo, Udotopic. Al final el amigo/enemigo no le mata, pero se da un mutis por el foro y le deja abandonado a su suerte.
-¡Hay que tener huevos Conservatic! ¡Que todo lo traduces en lo práctico! ¿Es que no tienes corazón?
-El corazón es para perdedores Udotopic y si no dime: ¿Cuántas guerras se han ganado con amor?
-¡Y yo que sé Conservatic! ¿Crees que eso viene en los libros de Historia? Al fin y al cabo la Historia es como la prensa, solo vienen las malas noticias. Dime si no, ¿cuántas historias de amor o de amistad has leído en los libros de Historia?
-No sé… ¿Cesar y Cleopatra? ¿Dafne y Cloe? ¿Romeo y Julieta? ¿Sigo...?
-¡Eso son leyendas noveladas! ¡Cuentos! ¡Historietas de la Historia! La verdadera Historia la narran los hechos trágicos y terribles que son los que han marcado el futuro de la humanidad en los libros.
-Luego, estás conmigo que el corazón pierde y la práctica gana.
-Sí, pero solo en los libros. En la vida real hay un montón de gente que pasa de tragedias griegas y hace mucho bien por el vecino de al lado.
-Esa bondad del pueblo, es debido a que tiene valores, y esos valores hay que defenderlos, Udotopic.
- ¡Yo los defiendo, hombre! Pero con la razón.
- ¡Y yo también! Pero llevando a la práctica esa razón.
-¿Y eso Conservatic, te convierte en un ser sin corazón?
-No, me convierte en un ser humano...
-Sí, claro. En un ser humano que cree en Dios, en la Santa Biblia y en otras utopías Divinas, pero que aplica fríamente la razón al margen de sus postulados ¡venga ya!
- Es por el “Bien Común”.
-Joder, Conservatic ¿ahora eres comunista?
-¡Qué Coño tendrá que ver, Udotopic! ¿Nos centramos en la conversación? ¿Ó te vas por las ramas?
-Vale, perdona. Es que me lo has puesto muy fácil…
- Ya...ya… a lo que íbamos…Perdona... ¿Por donde íbamos?
-No sé… ¿Te parece si pedimos más vino?
-¡Me parece cojonudo, Udotopic!

Udotopic: ¡Mesodestinic! Una botella más del mejor vino de la tierra.
Mesodestinic: De tapa, ¿las aceitunas las prefieren con o sin hueso, señores?
Udotopic: ¡A mí me da igual! Lo que tú digas, Conservatic.
Conservatic: A mí también. Elige las que quieras, amigo.

-¡Pues la que Ud. quiera poner, Mesodestinic!

..Y el destino puso de las dos, y que cada uno coma de las que quiera.


Fin.
Elmara,
Julio 2007

sábado, 7 de julio de 2007

CIRCULO DE PALABRAS ( INVITADO: FCO. CAÑABATE)


CÍRCULO DE PALABRAS.
Autor: Francisco Cañabate Reche


Palabras, las palabras.
¿Dónde están? ¿Quién las guarda?:
Existe un mundo antiguo en el que aquellas frases que una vez fueron dichas, flotan hoy olvidadas, mudas, inexpresivas; un limbo inalcanzable en el que viven juntas metáforas y rimas, insultos, pesadillas, ardientes alusiones a amores imposibles o palabras de muerte que segaron las vidas antes de ser oídas.
Esa incierta amalgama desordenada y tibia solo a veces se roza. Las masas apagadas se reúnen un segundo y entonces saltan chispas. Tras el roce furtivo las palabras se agitan y vibran y se expanden: es la voz de un recuerdo que las llama de nuevo para que cobren vida.
Al calor de esa llama de la imaginación retumba una garganta y una boca se abre pronunciando despacio la sílaba precisa que encadenada a otras, al fin cobra sentido.
El milagro sucede, nuevamente, sin prisa: La palabra regresa escapando a su cárcel. Renacida, vigente, explota, vive y siente su momento de gloria.
Pero todo es mentira.
Todo dura el segundo que le queda de vida.
Ese es el tiempo escaso de su reinado agudo.
Luego el viento la arrastra y la lleva consigo hasta aquel limbo extraño que semeja al olvido.
Así se cierra el círculo.

sábado, 26 de mayo de 2007

"CUANDO NO MANDAN BESOS" (ELMARA)

Micro relato
“Cuando no mandan besos”


Adiós… un beso.
Nos hablamos mañana…un beso.
Hasta luego…un beso.
Y ellas, mandan besos, como juguetes, como margaritas arrancadas, si, no, no, si. Hasta mañana…un beso.

Besos sin malicias, besos de consuelo, besos de amistad, de despedida, de pena…besos, besos, besos…

Cuando ellas mandan besos, al final de su voz, el otro las recoge como esperanza, como halago, como arma arrojadiza y ella lo coquetea y juega con su palabra: un beso, un beso y otro beso. Entonces el responde:”otro para ti” y ella se calla, duda, y su risa se congela; Pero sigue hablando, forzada, pero habla, y termina como puede, pero termina.

Él, al otro lado, lucha por ganar el ritmo de la conversación, demasiado tarde:
Ella tiene un muro detrás de los dientes, de las palabras, de los besos y al final se despide:
“ya hablaremos”
“hasta luego”
“hasta mañana”
“Adiós”
Ó como mucho:”un abrazo”

Y entonces, ya nunca más, te manda besos.

Elmara
2007

sábado, 19 de mayo de 2007

SOLO, SOLITO, SOLETE.( INVITADO)



SOLO, SOLITO, SOLETE
(Apología de un llamado solitario)



Soy un llamado solitario.- pero fíjense no me gusta la soledad; voy a intentar explicarme:
No puedo estar mucho tiempo, mezclado, adocenado, acogotado, constreñido, imbuído, atontado, mareado, ensordecido, envalentonado, acobardado, o acojonado, o sea no puedo estar mucho tiempo o por costumbre con grupos sociales, mi mente se nubla y mis oídos ensordecen, es una pena, pero es así. Soy, un llamado solitario.

Pero tampoco tengo vocación de ermitaño, y no soy un insociable si puedo ayudar ayudo, pero siempre intento guardar mi espacio vital; comprendo que me he quedado un escalón atrás en la evolución de mi especie, los seres humanos ya han empezado a saber vivir como hormigas en un hormiguero, solo les falta compartir sus estómagos. Si voy a los centros comerciales de la gran ciudad, es para aparcar el coche, y salir corriendo de allí; Me gusta andar solo, metido en mis pensamientos, parar a tomar un cafetito y ver a los hombres, mujeres, niños, perros, gatos y pájaros del cielo pasar y que me transmitan su energía, pero sin inmiscuirme, sin alterar y sin que me alteren, a una distancia prudencial, intentando no solo ver los árboles sino también el bosque, soy un mirón bien intencionado, soy lo que llaman un solitario..

Para estar relajado tengo que sentir, y para sentir tengo que alejarme, ya no puedo sorprenderme a cada instante como cuando era un niño, creo que ningún adulto puede; pero claro la gente lo sigue intentando, y compra, viaja y consume pero todo muy deprisa, eso a mi me aburre, yo intento ver y sentir una cosa aunque siempre sea la misma, antes que mirar muchas muy deprisa, sin ver y sentir nada.

El gran viaje es aquel, que aun no has hecho, la mayor sorpresa, aún no te ha llegado. Y el mejor regalo es, el que algún día te harás tú mismo.
Siempre te van a faltar cosas por hacer y tener.

No hay que tener tanta prisa; de vez en cuando hay que saber aburrirse, yo lo practico, es muy sano y respetuoso con el medio ambiente (que tendría que ser entero en vez que medio)

Me gusta hablar con un amigo, con un vecino, con mis hermanos o con mis hijos; pero no soy de pandas nunca lo fui.

No me gustan las formalidades, ni que me programen lo que tengo que hacer, pero si tengo que adaptarme, me adapto, pero solo un poco.

Mis ideas siempre las pongo en duda, soy un indeciso no estoy seguro de nada, y lo que es peor: creo que eso es positivo; es lo que nos diferencia de los dictadores que también suelen ser solitarios pero con sus ideas y verdades muy seguras.

La llamada “verdad”, una vez que entra en el grupo se convierte en “absoluta”

Uno solo, siempre duda, tres, cuatro, cientos, miles, forman esa verdad ,para ellos absoluta, un paradigma, algo que hay que defender, luchar por ello y si me apuras hasta matar; y así surgen grupos, asociaciones, partidos políticos, sectas, ideas sentimientos, verdades..
La verdad absoluta de cada grupo, en realidad, son solo modas de los dictadores de siempre.

Yo, si tengo que elegir por las verdades de los hombres, no se hacerlo, no tomo partido, pero es que yo.. soy un llamado solitario.

Ya sabrán ustedes, que el verdadero viaje por la vida se hace solo, esto es para todos:
Nacemos en soledad; creo que ninguno sabemos a donde venimos, y al final de nuestra vida, ya se lo imaginaran ustedes, rodeados de caras compungidas, más que por el que se va, tambien, porque nos vemos a nosotros mismos en esa situación.

Durante nuestras vidas, también estamos solos, aunque aparentemente parece que compartimos cosas. (la verdad, creo yo, que es una ilusión)
Nadie siente tu felicidad, tu pena o tu dolor como tu mismo; pertenece a lo intransferible de tu cerebro mental, como tus huellas dactilares. Solo algunas pocas personas extraordinarias, llegan a las más intimas raíces de sus compañeros en el tiempo; a estos, se los llaman santos, Mesías o Dioses; ellos, si te acompañan, respiran tu agonía y te entreabren la puerta del otro lado, empujándote ligeramente, como diciéndote, no te preocupes, yo te ayudo. Pero esos han sido muy pocos en la historia del hombre; los demás pobres seres mortales, hacemos el viaje solos, pero eso sí, rodeados de vida por todas partes. Por eso siempre hay que estar contentos con lo que somos y con lo que tenemos, unos en grupos y otros solos, pero sin hacerse daño, que eso es lo difícil.


Bueno no les aburro más con mi escrito; además se me ha acabado la hoja, por culpa de una receta que me ha dictado mi madre de 89 años. Mi mujer se ha ido con un grupo a conocer Grecia en una semana. ¡Ahí es ná! y me ha dejado en mi estado natural, o sea:
¡Solo!

¡SOLITARIOS DEL MUNDO UNIROS!.
Perdón, perdón, me he equivocado; Seguir siempre separados, pero acompañando a la vida.

Luis Marañón

Mayo 2007

sábado, 12 de mayo de 2007

"VENTANA DE CONCEPCION JERONIMA 8" ( INVITADO)




“Ventana de Concepción Jerónima, 8”

5º izquierda.
Madrid.



Desde mi habitación, en mi cama de niño del Viejo Madrid, yo veía geranios rojos, rosas y blancos, un rosal amarillo y un patio alegre donde me sorprendía la pesa, sube y baja, de aquel viejo ascensor, el piano de Quiroga, el olor de oficina del taller grabador, el sonido del torno del dentista, el olor a fritura y el canto del vencejo…….

La luz, entraba al alma desde aquella ventana y los sueños eran fáciles de soñar,mirando la veleta recortarse contra el atardecer. Mis hermanos, mis padres, mis juguetes, mis sueños:

Mi niñez, retratada en aquel patio luminoso de ropa tendida y palomas ululantes,…..

Fue mi padre quien me lo propuso: ¿Pintas tu primer cuadro desde aquí?

Aquí está el resultado, en este viejo lienzo. Yo tendría unos diez años, y mi padre unos cincuenta y cuatro. En el lienzo se mezclan sus trazos con los míos, él guiaba mis manos, marcaba con el lápiz las perspectivas y me decía como mezclar el óleo en la paleta; yo seguía sus instrucciones y ponía el color, la valentía “Naif”

Quiero que este cuadro sea para mi hijo Alberto, pues deseo que él conserve de mí, en sus recuerdos, una ventana, una luz, una sencilla flor, que le guíe por la vida, que le sirva de mano, cuando yo, ya no esté.




Jorge Marañón (para mi hijo Alberto)