www.zaharamusic.com

www.zaharamusic.com

viernes, 9 de marzo de 2007

LOS ANGELES DE MI NIÑEZ ( INVITADO)


LOS ANGELES DE MI NIÑEZ


Momentos mágicos de un niño; el lugar, bien sencillo, la cocina de mi madre, y el marco, la ventana, que me abría a una determinada hora y en verano al mundo de los ángeles. Para mí esos días, ahora que lo pienso, eran como ángeles. La luz del verano a esa hora, iba suavizándose y adquiría sobre los tejados y torres que estaban a mi vista, colores mágicos.

Era la caída de la tarde, y entre el sonido de las campanas de la iglesia de enfrente, llegaban ellos, con sus cánticos y gritos, casi rozándome con sus alas. Me pasaba mucho tiempo mirándolos, intentando averiguar su fisonomía, pero eran tan rápidos que aunque pasaban algunas veces muy cerca de la ventana, solo podía ver sus alas que les hacían dar giros espectaculares entre las torres y tejados de mi paisaje infantil; los olores que me traían, eran especiales, no, no olía a jazmines, ni a rosas, ni tan siquiera a violetas imperiales, eran aromas más sencillos; ahora lo entiendo, olía a verano; al calor de los tejados que se iban enfriando, a la tierra mojada de una lejana tormenta, a los geranios de las ventanas de mi madre, al patio de vecindad, a las torres, a los pararrayos, al palomar; todo lo percibía mi olfato de niño, mientras esos pequeños seres prodigiosos, tan rápidos que no podía distinguir su cuerpo, casi me rozaban con sus alas la cara. Después poco a poco entre los colores del crepúsculo, iban cogiendo altura hasta verlos perderse en lo más alto como a ángeles buscando a Dios.

¡Vamos hijo aparta de la ventana, que viene tú padre y tengo la cena sin hacer!...........


Muchos años después y viviendo ya en otro sitio, iba paseando por la calle cuando observé un ligero aleteo en el suelo, me acerqué, y vi una pequeña ave aparentemente herida que se tambaleaba arrastrándose torpemente; la cogí entre mis manos sintiendo su cuerpecillo palpitante y calido, sus ojos negros me miraban aterrados; observé su cuerpo. Era frágil y pequeño y solo destacaba de él sus grandes alas alargadas y estrechas como cuchillas, que te hacían comprender que era un ser rapidísimo y ágil en su mundo aéreo; en un principio pensé en dejarlo en el suelo, pero de repente vino a mi memoria de adulto mis recuerdos en la ventana de la cocina de mi madre. ¿Y si este fuera uno de esos ángeles? sin más lo lancé hacía arriba; el ave aleteó un momento y aparentemente sin esfuerzo remontó el vuelo, viéndole perderse en las alturas.

Mientras sonreía recordé mi niñez, y pensé: “los ángeles no pueden vivir en la Tierra, pertenecen al aire, pertenecen a Dios”.



VENCEJO COMUN (Apus apus)
Solo se posa para anidar, duerme en el cielo.



Así como los Ángeles espirituales no tienen sexo, los ángeles de mi niñez a penas tienen pies
(apus apus: sin pies), os animo a estudiar su vida.



Dedicado a mi madre.

Autor: Luis Marañón

Marzo 2007

No hay comentarios.: