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sábado, 28 de abril de 2007

LA AMANTE MINERAL ( INVITADO)


LA AMANTE MINERAL


Sacias el deseo, agotas el cuerpo, colmas el espíritu. La amante, la eternamente bella se presta una vez más a ese juego que implica atracción y miedo al mismo tiempo.

Estática, solitaria dentro de su reino, siempre sugerente en sus formas, eternamente bella, atrae a unos cuantos locos que intentan conquistarla dejándose llevar por la atracción y miedo que conlleva su reino.

El camino es largo, el paso inseguro, la respiración jadeante, la palabra corta, el pensamiento directamente al corazón de roca de la bella.

“Déjame amarte una vez más, déjame sentirme plenamente vivo una vez más. Quiero ver tus colores, oler tu aroma, sentir el frío y el calor de tu cuerpo, oír los cantos de las criaturas que viven en tu reino”.

Y ella, la amante, te invita una vez más. Se adorna de gasas transparentes que hacen más atractivo su cuerpo. Se tapa por un lado y se destapa por otro. Coquetea, juega contigo y te llama una vez más:

“Ven, te espero. Mira mi belleza. Por mi no pasan tus años.”

Y tú luchas en tu mente para elegir entre la prudencia y el deseo. Y por fin te rindes a este último. Y sigues jadeante, tropezando en sus venas, mojándote en su cuerpo mineral para al final quedarte fundido a él. Tan fundido al cuerpo de la amante que ya no aprecias sus formas sugerentes, que ya no ves su belleza que antes te atraía y sientes miedo y desesperación. Y gritas:

-¿¡DÓNDE ESTÁS!?

Pero ella no te contesta. Entonces te das cuenta de que has caído en su trampa. Sus brazos poderosos te agarran fuerte contra su cuerpo helado para que no vuelvas a jugar con ella, para que te quedes con la bella para siempre.

La suplicas que te deje volver con los tuyos. Sientes frío y un cansancio enorme que te hace adormecer y no ves nada más que un blanco marmóreo que lo cubre todo. Entonces tu pensamiento dirige una súplica al corazón mineral:

- “Déjame volver; te lo suplico. Tu mundo es muy diferente al mío. Me atraes, pero no puedo vivir en tu reino. Tu mundo está formado de belleza y dureza, no duraría contigo mucho tiempo. Me esperan los míos. Tengo mujer, su piel la he quemado contra mi cuerpo durante muchos años. Ella sabe de nuestra relación. Me advierte de ti. Me dice cuando voy a tu encuentro “ten cuidado dónde te metes”. Y yo presuntuoso contesto: “No te preocupes, volveré. Siempre volveré”. Por favor, déjame volver.

Entonces la amante, la eternamente bella, enfurecida rasga sus velos y amenazándote dice:

- “Ten cuidado pequeño gusano. Te crees poderoso y conquistador porque te dejo jugar un poco conmigo. Pero ¿no te das cuenta que la verdadera conquista consistiría en quedarse para siempre en mi reino? Por eso te advierto: ten cuidado, quizá algún día me quede con tu corazón para siempre.”



Ya seguro desde tu mundo la miras desde lejos y contemplando su belleza siempre sugerente, haciéndola un guiño, la dices:

- Volveré.


Autor: Luis Marañón
(Escrito en mi casa 1995)

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