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sábado, 27 de enero de 2007

EL OKUPA (elmara)


EL OKUPA

Al okupa del Sacromonte (Granada) lo están desalojando esta misma mañana las fuerzas policiales de la ciudad.
Cuando se entró en la cueva, totalmente insalubre por cierto y siempre según fuentes municipales, se encontró todo un material de supervivencia digno de una posguerra del siglo pasado: Bombonas de butano, con el riesgo correspondiente para vecinos de cuevas colindantes (okupas también) camping de gas para cocinar, linternas, baterías rudimentarias para proporcionar luz y calor de manera manual, etc., etc...
Todo increíblemente inaudito observado desde el punto de vista de un ciudadano de occidente, conectado al futuro a través de la alta tecnología , la luz artificial , el Internet y demás comodidades que denotan un alto grado de desarrollo y civilización enmarcado en la “new age” tecnológica del siglo veintiuno.
Por eso esta noticia del informativo de sobremesa, me impacto, (aunque solo unos breves segundos, lo reconozco) seguido de algún reproche mental por la actitud parasitaria de estos nuevos trogloditas urbanos.
* * *
Entonces…. Empezó a nevar en Granada, nevar, nevar y nevar...
¡Que bello espectáculo! Contemplado detrás del doble acristalamiento del ventanal, con la bomba de calor puesta a tope escuchando de fondo el ruido soporífero de la televisión y el grácil gorgojeo del café sobre la vitroceramica. Nevó y siguió nevando, enriqueciendo la postal blanca y confortable del momento.

Fuera: el frió, la inseguridad, las cuevas del sacromonte, el atraso... Dentro: confort, seguridad, progreso, mi siglo...

De pronto: ¡Plof! El silencio, la penumbra, la tele se apaga (no pasa nada) no hay luz en ningún sitio de la casa, la bomba de calor ha dejado de funcionar y el café debilita su gorgojear en la cocina (no pasa nada) “Alguna resistencia fundida, una sobrecarga, “los plomos” que decían nuestros padres. Nada que no se pueda solucionar levantando alguna palanquita en el panel de control de la entrada. Pero no, no hay nada que indique que “los plomos” se han fundido, todo esta en orden en el panel, a cambio empieza a llegar un cierto tufillo a quemado procedente del exterior. Salgo a inspeccionar que es lo que está ocurriendo, enfundándome un elegante chaquetón de cuero, una impecable gorra y casi un calzado de estar por casa, seguro de la brevedad del momento. Sigue nevando ¡OH! ¡Que bello paisaje! El olor se intensifica según camino por la urbanización y empiezo a vislumbrar una columna de humo blanco que proviene de la parte trasera del jardín. Los bomberos han llegado en ese momento. Diagnostico: el transformador que suministra luz y calor a mi casa y cincuenta viviendas más se esta quemando, debido seguramente a una sobrecarga por exceso de uso de bombas de calor (ahora entiendo que se llamen bombas) y radiadores eléctricos. El tiempo inclemente que asola la ciudad es el responsable de tal desmesura. Hablo con los vecinos, que empiezan a llegar y están arremolinados junto al jefe de bomberos que pregunta asombrado, como es que la caldera del “gasoil” esta al lado del transformador, con el peligro que ocurra una explosiva desgracia y sus mortales consecuencias. Los vecinos ante el comentario se retiran dos pasos o doscientos, depende el valor o la irresponsabilidad de cada uno. A todo esto el elegante pero inútil cuero que llevo puesto se esta empapando y mi mujer que se ha sumado al grupo de valientes que esta husmeando cerca de los hechos, me aconseja que me vaya a casa y me lo quite, pues como siga cayéndole encima “la jodida nieve” va ha haber que tirarlo.
Aguanto unos minutos mas, por pundonor, bajo la intensa nevada que ya empieza a parecer más amenazadora que romántica y me voy a casa a contemplar las consecuencias del desastre. No tenemos luz, ni calefacción, no podemos cocinar y el teléfono esta supeditado a lo que duren las cargas de sus baterías.

Conclusión: Estamos peor que el “okupa” del Sacromonte.

* * *

Impotente, me tumbo en el sofá con una manta cubriéndome desde los pies a la nariz, esperando que “el sistema” ese que me protege y fríe a impuestos, me solucione el problema.
Mientras rezo para que no estalle la caldera, reflexiono sobre la peculiar situación del momento, en donde la quema de un transformador no es mas que el reflejo de una sociedad aparentemente fuerte pero que esta construida sobre una columna de mantequilla. Sinceramente, creo que ante un desastre, no ya nuclear, si no de una bomba electromagnética de andar por casa, el okupa del Sacromonte estaría mas preparado para sobrevivir que este imbecil y desarrollado ciudadano que escribe bajo la luz cada vez mas tenue de una linterna que se apaga..

Elmara
Enero
Siglo XX1